Todo lo que hay que saber sobre el aluminio: datos, reciclaje e importancia

Todo lo que hay que saber sobre el aluminio: datos, reciclaje e importancia

Todo lo que hay que saber sobre el aluminio: datos, reciclaje e importancia

Al ser el metal más abundante en la corteza terrestre, es probable que el aluminio no ocupe un lugar muy destacado en la lista de “Tenemos que empezar a reciclar esto de verdad” de la mayoría de la gente. Seguramente deberían tener prioridad materiales como el papel o el plástico: el papel proviene de los árboles y estoy bastante seguro de que los necesitamos para respirar, ¡y hasta hay plástico dentro de los animales!

Bueno, sí, esa segunda parte es cierta, y precisamente por eso deberíamos intentar reutilizar todo lo que podamos. Y sé que no es cómodo, ni gratuito: más allá de la recogida, la clasificación y el lavado que hay que realizar, se necesita energía para hacer que los materiales sean reutilizables; no basta con volver a llenar de cerveza una botella que alguien tiró al mar hace diez años, sino que hay que fundirla y darle una nueva forma. La chatarra debe tratarse para eliminar el óxido y volver a fundirse. Además, consume mucha energía: el papel reciclado utiliza hasta un 60% de la energía de la producción inicial, el plástico un 30% y el vidrio alrededor de un 60%. Entonces, ¿por qué perder el tiempo con un metal tan común?

Sin embargo, a pesar de su abundancia, el aluminio no se descubrió hasta 1807 —gracias a Sir Humphry Davy— y no fue hasta 1886 cuando se estableció un proceso económicamente viable para refinarlo. En el siglo XIX, refinar el aluminio —incluso a partir de la bauxita— resultaba tan caro y difícil que al Monumento a Washington se le colocó una punta de aluminio para simbolizar su valor.

¿Por qué? Porque la mayor parte de las reservas de este metal en nuestro planeta se encuentran mezcladas con minerales de los que no es fácil extraerlo. De hecho, probablemente se pueda encontrar en la mayoría de los tipos de rocas, en el suelo e incluso en la vegetación, pero está tan disperso y ligado químicamente que su extracción resulta demasiado cara. Por eso, su extracción y refinado siempre serán costosos y perjudiciales para el medio ambiente, tanto en la fase de extracción como en la de procesamiento. Afortunadamente, entre todos los demás materiales, el aluminio destaca como un faro de eficiencia —a menudo brillante— en lo que respecta al reciclaje.

Una característica muy llamativa de este metal es su densidad: un centímetro cúbico pesa tan solo 2,70 gramos. En comparación con otros metales a los que estamos acostumbrados en nuestra vida cotidiana, como el hierro, con sus 7,87 gramos por centímetro cúbico; el cobre, con 8,96 gramos por centímetro cúbico; o el oro, con la impresionante cifra de 19,30 gramos por centímetro cúbico, el aluminio es prácticamente ligero como una pluma.

Además, es muy dúctil y fácil de mecanizar, fundir, trefilar o extruir, y tiene una conductividad térmica y eléctrica casi tan buena como la del cobre. Si a esto le sumamos su buena resistencia a la corrosión, es fácil comprender por qué el aluminio es el metal no ferroso más producido y más utilizado: desde aviones, satélites y transbordadores espaciales hasta latas de cerveza y envases, nunca tenemos suficiente.

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